¿Hasta cuándo dejaré de necesitar a mi osito de peluche?
Tengo veinte años
y aún lo necesito para dormir,
aún necesito abrazarlo.
No tiene nombre,
no tiene cumpleaños
y no recuerdo quién me lo dio.
Solo sé que me ha acompañado
más que nadie
cuando quiero llorar.
Cuando no tenía a quién acudir,
cuando no había quien me abrazara,
mi osito de peluche
se quedaba conmigo.
Y ahora que tampoco hay nadie,
sigue aquí.


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