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Que pese tu ausencia,
que pesen las noches,
que pese tu nombre
cuando alguien lo pronuncie.
Que pese todo
lo que ya no puedo darte.
Y aun así,
qué miedo me daría
que un día
dejara de pesar.
Me pregunto si, en la misma noche,
en la misma madrugada,
mirarás la luna pensando en mi nombre.
Si al mirar el cielo estrellado
de alguna forma podrás ver mis lunares.
Mirar la oscuridad como yo la miro,
pero encontrar siempre la luna.
Aunque no brille tanto como el sol,
brilla para que veas
lo que tu corazón desea.
Espero mirar la luna a la misma hora que tú,
para que, de alguna manera,
podamos estar juntos
una noche más.
¿Qué tal si yo acaparo toda la tristeza?
Todo el dolor, todo el llanto...
Quizás no dejo lo suficiente para los dos,
para ambos llorar, para ambos estar.
¿Me deprimo demasiado?
Quizás quieres consuelo
y sin darme cuenta,
me consuelas en silencio.
Empiezo a ver borrosa tu cara en mi mente
y espero que se mantenga así.
Ver tu reflejo en el agua turbulenta
es mejor para mí.
El dolor no pesa menos,
sólo he aprendido a sentirlo
menos doloroso.
Aún te veo cuando salgo a la calle.
Tantos rostros parecidos al tuyo,
pero ninguno te pertenece.
¿Será que para encontrar la paz
debo olvidarte?